De mi abuela paterna aprendí a ser guerrera.

A no llorar, a buscar siempre una solución desde la cabeza, a no ponerme sentimental.

Ella era maestra, a la antigua… Una líder: profesional, matriarcal, correcta, dura, calculadora.

Hija de un militar marino, que estaba siempre de viaje, en casa solo para poner orden y volvía a desaparecer entre las olas.

Yo tenía como 5-6 años cuándo murió un pajarito que había rescatado. Fue un dolor tan grande en mi corazón que no me imaginaba. ¡Juraba que iba a sobrevivir!

Fue la decepción para mi abuela verme así, desesperada y en lágrimas. “Pero cómo que lloras por algo así! Tú hiciste lo posible, ahora no hay nada más que hacer…¡Ya está!”….

Por primera vez sentí sentimientos encontrados: el dolor por la perdida, el regaño de mi abuela, mi sentido de culpa y la rabia de no poder expresar mis emociones…..¡por qué tenía que ser tan dura! Me quede con ese nudo en la garganta en frente a muchas otras situaciones, antes de reconciliar la enseñanza de mi abuela con mi libertad de mujer de otro tiempo, de otras vidas y mares.}

Ahora me pregunto: qué nudo habrá tenido ella en la garganta, que siempre me inspiró a escribir y leer…. Un nudo tan grande que al final se fue con él, en silencio…Hoy me encontré con este hermoso colibrí, viajero de otro plano, dejando sus alas para otras historias, contadas en otras partes…. Otras abuelas hijas de hombres y mujeres duros, llenas de palabras no expresadas pero sí transmitidas a otras nietas y colibríes….Su cuerpecito es tan perfecto, los colores dibujados en mi mirada, su presencia en mis manos, el calor en mi corazón…

Mismo nudo, que ahora sí, solté….

Dice por ahí la leyenda que cada aleteo de colibrí puede cambiar todo un mundo…..

Gracias

En memoria de Emma Monni Miorin (Italia, 1907/1990)